1er Capítulo
Huyendo del templo      Katmandú, caída ya la noche.                Las   calles   de   la   ciudad   nepalí   estaban   cubiertas   de   un   manto   blanco,   la   tempestad   había   cesado   y   la   temperatura invitaba a los ciudadanos a  quedarse en casa.                Zhou   se   había   refugiado   en   una   posada   cercana,   huyendo   de   los   guardias   del   templo;   el   corazón   le   latía   muy   deprisa, pero   pudo   contener   los   nervios.   Tras   sentarse   en   una   mesa   apartada   del   resto   se   le   acercó   el   grasiento   tabernero, maloliente de cerveza, con cara de no tener más remedio que atender. - ¿Qué quieres?- Le preguntó el dueño con una voz ronca pero imponente. - Yo…   quisiera…-   Intentando   sacar   las   palabras   desde   donde   no   podía,   ante   el   gesto   cada   vez   más   impaciente   e irritable   del   posadero.-   Resguardarme   de   la   tormenta.-   Dijo   al   fin   el   pobre   chico   mirando   hacia   ambos   lados,   como si esperara ver entrar a los guardias en cualquier momento.    El posadero puso cara de sorpresa al oír eso, y replicó: - Esto,   jovencito,   es   una   taberna   y   no   un   albergue   para   gente   que   le   da   miedo   la      nieve.-   Terminó   el   tabernero   con   un sonoro palmazo en la mesa, haciendo que saltaran las jarras de barro vacías. El   silencio   se   hizo   en   todo   el   recinto,   la   causa   fue   el   volumen   de   la   imperiosa   voz   que   derrochaba   el   mesonero.   El   cual, haciendo   caso   omiso   de   la   situación,   aumentó   el   tono   de   su   voz   para      sentenciar   la   decisión   errónea   que   había   tomado   su inusual cliente, diciéndole:   - Y ahora, si no vas a tomar nada que puedas pagar con dinero, te aconsejo que te largues a tu casa con tu mamá.                  Este   último   comentario,   provocó   un   gran   estallido   de   carcajadas   en   todo   el   local,   mientras   la   cara   de   Zhou   pasaba   de   la incredulidad   al   miedo,   ante   la   posibilidad   de   que   lo   pudieran   tomar   como   centro   de   sus   diversiones.   También   llamarían   así la atención de los guardias, de manera que si lo que quería era pasar desapercibido, aquel no era un buen comienzo.                Se   levantó   de   la   silla   casi   trastabillando   con   la   mesa   y   salió   de   aquel   lugar   bajo   las   risas   y   burlas   de   los   múltiples borrachos que lo señalaban mientras el muchacho alcanzaba el umbral de la puerta.                Una   vez   fuera,   Zhou   avanzó   unos   metros   intentando   alejarse   de   aquel   tugurio   y   a   la   vez   buscando   un   nuevo   refugio donde   poder   esconderse   de   los   guardias.   Una   voz   lo   detuvo;   se   dio   la   vuelta   y   encontró   a   un   hombre   alto   y   delgado,   de unos   cuarenta   y   cinco   años   y   con   rasgos   claramente   occidentales.   El   extranjero   salía      por   la   puerta   de   la   taberna   con   el abrigo   a   medio   poner,   intentando   llamar   su   atención.   Por   lo   visto   dominaba   bastante   bien   el   idioma   pero   el      acento   dejaba mucho que desear.      A Zhou no se le había quitado la cara de pavor todavía y la presencia de aquel hombre los intimidaba aún más. - No temas.- Dijo el hombre.- No voy a hacerte daño. - ¿Qué…   qué   quiere   de   mí?-   Preguntó   Zhou   con   la   voz   temblorosa,   y   dudando   entre   quedarse   o   salir   corriendo   calle abajo. - Verás, me llamo Mike Hewlett, estoy aquí de vacaciones.      Zhou lo miró un momento como si le estuvieran tomando el pelo, y con tono burlesco y desinteresado le dijo:        -   Pues muy bien, espero que disfrute de su estancia en el Nepal, y no olvide comprar las postales de los yaks            vestidos de monje, se las recomiendo.                     Dicho   esto   hizo   un   gesto   de   estar   perdiendo   el   tiempo   tontamente   con   aquel   individuo,   y   se   dispuso   a   despedirlo levantando la mano, pero antes de poder terminar su acción, el hombre lo interrumpió otra vez: - Está bien, disculpa, no estoy aquí de vacaciones. - Eso salta a la vista.- Dijo el chico cada vez más intrigado. - Pero tú tampoco estás por aquí solamente para resguardarte de la tormenta, ¿verdad? - ¿Y usted qué sabe?- Contestó el chaval un poco sobresaltado, como si estuvieran a punto de descubrirlo. - Imagínate,   un   chico   de   apenas   quince   años,   con   un   sucio   y   muy   estropeado   abrigo   hecho   de   pieles   de   Yak,   a   las tantas de la noche, con la que está cayendo, entrando a una posada solo para resguardarse de la tormenta. - Lo veo bastante normal.- Respondió Zhou - Bien, a mí también me hubiera dado igual de no ser por dos detalles. - ¿ Qué detalles?- Preguntó medio tembloroso - Por   un   lado   la   cara   de   pánico   que   tenías   al   entrar   a   la   taberna,   parecía   como   si   hubiera   algo   ahí   fuera   que   te estuviera... buscando. - No   sé   de   qué   me   habla.-   Dijo   el   chico   en   un   intento   desesperado   de   convencer   a   su   oponente   de   que   se   equivocaba, todo y que sabía que tenía pocas posibilidades. - La   otra   cuestión   en   la   que   me   he   fijado,   y   la   que   me   ha   sacado   de   la   taberna,   ha   sido   el   hábito   de   monje   budista   que escondes bajo el abrigo.- Dijo, como si acabara de resolver un caso de la policía. En   ese   momento   vieron   pasar   a   la   guardia   del   templo   unas   calles   más   abajo,   mientras   el   jefe   de   la   misma   iba distribuyendo a los soldados por los distintos callejones. Zhou, al oír las voces, corrió hacia el hombre y le suplicó: - Por favor necesito esconderme de esos hombres.- Suplicó casi sollozando. - Si te ayudo, ¿me contarás lo que está pasando?- Le puso Mike como condición. - Sí, se lo juro.- Respondió inmediatamente el chico. - Ven, iremos a mi hotel, te quedarás allí esta noche. - Gracias, muchas gracias.- Dijo Zhou como si lo hubiesen salvado de una muerte segura.      Cuando llegaron a la habitación del hotel, Mike le preguntó: - ¿Quieres tomar algo? - No, gracias.- Rehusó Zhou con cortesía. Mike acomodó a Zhou en una butaca de la habitación y él se sentó en la cama justo enfrente. - ¿Por qué me ha ayudado?-  Preguntó al fin Zhou intentando tranquilizarse. - Bueno, eres un chico en apuros y necesitabas ayuda, ¿no?- Dijo como intentando justificarse. - Sí, pero como usted ha dicho no se ha interesado hasta que no ha visto la túnica de monje oculta bajo el abrigo.        Mike asintió con la cabeza reconociendo que no le había convencido. - Está   bien,   llegué   hace   un   par   de   días,   y   quería   conocer   un   poco   la   cultura   del   Nepal,   aunque   lo   que   más   me   fascina es   su   religión   y   el   mundo   que   rodea   la   vida   de   los   monjes   budistas   dentro   de   los   templos.   Tenía   la   esperanza   de   que si   te   ayudaba   me   pudieras   instruir   un   poco   sobre   el   tema,   ya   que   de   momento   lo   único   que   me   he   encontrado   ha sido oposición por parte de las autoridades políticas y religiosas. Ahora tú, ¿por qué te persiguen los guardias? - Me he escapado del templo.- Confesó Zhou mirando al suelo avergonzado. - ¿Por qué?- Preguntó Mike extrañado. - Querían encerrarme para que no tuviera esos sueños tan horribles. - ¿A qué te refieres? ¿Pesadillas?- Se interesó Mike. - No lo sé, parecen tan reales… - Contestó Zhou con miedo. - Bien, pero al fin y al cabo son solo sueños, ¿por qué le das tanta importancia? - Preguntó Mike de nuevo. - Porque   son   horribles.   Con   seis   años   le   conté   a   mis   padres   lo   que   soñé,   y   tras   una   deliberada   decisión   me   reclutaron en el  templo, para que pudiera limpiar mi alma y mi mente. - No lo consiguieron, ¿verdad?- Interrumpió Mike. - No solo eso, sino que además, los sueños se sucedían también  en las sesiones de meditación. - ¿Son siempre los mismos o son distintos cada vez?- Insistía Mike. - Son distintos, pero todos horribles. - Lo mismo que el informativo, o los periódicos.- Dijo Mike con escepticismo. - No   se   burle,   me   ha   preguntado   y   yo   le   he   contestado,   para   eso   no   hace   falta   que   me   ayude.-   Respondió   Zhou   sin levantar la voz. - Perdona,   no   era   mi   intención   ofenderte,   vamos   a   centrarnos.   Dices   que   tienes   unos   sueños   desde   pequeño;   según   tú, terribles, y en el templo los sufres cada vez que meditas o duermes, ¿no es así? - Así es.- Dijo Zhou, afirmando con la cabeza. - ¿Hay alguna relación que guarden las pesadillas entre sí?- Preguntó Mike. - Dos   coincidencias,   en   todos   ellos   muere   gente,   en   desastres   y   guerras,   la   otra   coincidencia   es   que   en   todos   los sueños   aparece   un   hombre   a   lo   lejos   en   medio   de   todo   el   horror,   y   desaparece   tras   un   portal   abierto   en   medio   de   la nada, tras contemplar la escena, como si estuviera supervisando lo que pasa. - ¿Cuántos   sueños   distintos   has   tenido?-      En   ese   momento      Mike   saco   una   pequeña   libreta   de   notas   y   empezaba   a apuntar, como intentando buscar relación y sentido a todo aquello. - Hasta ahora unos cuantos.- Contestó Zhou con el rostro cada vez más pálido solo de recordarlo. - ¿Sabes de alguien que pueda ayudarnos a esclarecer todo esto?- Interrogó Mike rascándose la cabeza. - Conozco   a   un   chamán   en   las   montañas,   mi   padre   siempre   me   hablaba   de   él   cuando   era   pequeño,   me   llevaron   nada más nacer para que me bendijera. - Bien, iremos por la mañana. ¿Te parece?- Preguntó Mike. - Está bien.- Contestó Zhou.      A    la    mañana    siguiente,    Mike    le    prestó    a    Zhou    unos    pantalones    de    pana    y    una    camisa    de    franela,    todo    ello acompañado de unas botas de montaña, que le venían un poco grandes, y un abrigo polar. Zhou   ante   ese   cambio   tan   brusco   de   imagen   no   había   dejado   de   mirarse   en   el   espejo,   como   si   estuviera   viendo   a   otra persona   en   lugar   de   a   él   mismo.   No   hablaron   nada   del   tema   de   los   sueños,   solamente   se   limitaron   a   preparar   el   viaje   hacia las montañas. Después   bajaron   y   desayunaron   en   la   cafetería   del   hotel,   Zhou   comió   poco,   pero   estaba   acostumbrado   a   comer   menos aún. Cuando   hubieron   acabado,   ambos   salieron   del   hotel   con   todo   el   equipo   de   montaña   a   cuestas,   llamaron   a   un   taxi,   que se presentó allí a los pocos minutos, y una vez dentro Zhou se encargó de indicar al taxista.                   -   Con   el   taxi   les   podré   acercar   hasta   la   base   de   las   montañas   luego   tendrán   que   alquilar   un   par   de Yaks   y   a   un   sherpa ,                                el último tramo  ha de hacerse  a pie.- Les explicó el taxista en cuanto supo a donde se dirigían.       - ¿Cuánto tardaremos en llegar a la cabaña del chamán?- Le preguntó Mike.       -Unas tres horas, pero no tema, a pie solo recorrerán los últimos cuarenta minutos creo yo.- Dijo el taxista.       Zhou intentaba que la situación fuera graciosa, pero Mike lo  miraba como si acabaran de ofrecerle un reto.       El resto del viaje en taxi lo hicieron en silencio, cada uno sumergido en sus propios pensamientos.                   Una   vez   terminado   el   trayecto   en   coche,   bajaron   del   vehículo   y   a   unos   cincuenta   metros   vieron   un   puesto   de   alquiler de guías con Yaks, unos animales que Mike, al verlos, confundió con búfalos.                         Empezaron    la    ascensión    unos    diez    minutos    después    de    haber    pagado    la    fianza.    Tal    y    como    había    acaecido anteriormente,   ni   Zhou   quería   decir   nada   sobre   el   asunto,   ni   Mike   se   atrevía   a   preguntar;   como   si   ambos   sospecharan   de aquellos   sherpas.      Una   hora   después   de   iniciada   la   ascensión   los   guías   los   dejaron   en   el   punto   más   próximo   a   la   cabaña donde esos animales podían llegar, acto seguido se despidieron y comenzaron a descender.                   Mike   y   Zhou   iniciaron   la   marcha   a   pie   por   un   sendero   un   tanto   sinuoso   y   abrupto,   teniendo   en   ocasiones   incluso   que escalar   para   superar   los   obstáculos,   la   cabaña   se   divisaba   aún   muy   lejos,   y   mientras   iban   avanzando,   Mike   rompió   el   hielo del silencio y le preguntó: - ¿Cómo sabemos que ese brujo de ahí arriba nos va a ayudar? -    No   se   preocupe,   ese   hombre   predijo   mi   nacimiento   y   también   extrañas   cualidades   que   mis   padres   no   supieron entender.- Contestó el monje. - ¿Cualidades   como   soñar   acontecimientos   horribles?-   Dijo   Mike   con   gesto   serio   pero   con   la   sensación   de   intentar reírse de él. - No lo sé, como ya le he dicho mis padres me han contado que nunca entendieron lo que quiso decir con eso.                Poco   tiempo   después   llegaron   a   la   puerta   de   la   cabaña,   una   casa   hecha   de   madera   vieja,   muy   gastada   por   el   tiempo   y muy   descuidada,   tenía   una   chimenea   de   piedra   de   la   que   salía   humo   blanco   y   las   ventanas   estaban   situadas   en   los laterales. Con un gesto instintivo Zhou sonrió y le comentó a Mike: - Es cierto.- Dijo Zhou tras observar las montañas y la posición del Sol. - ¿El qué?- Preguntó Mike. - Solo tiene dos ventanas, una mira al este y la otra hacia el oeste. - ¿Y qué tiene de especial?- Se intrigó Hewlett. - Según   cuentan,   este   hombre   teme   al   Sol,   de   manera   que   se   despierta   pocos   minutos   antes   de   que   salga   y   reza   a   los dioses   de   la   naturaleza   para   que   lo   protejan   de   él,   después   del   ocaso   reza   otra   vez   para   pedir   que   no   salga   el   astro al día siguiente. - ¿Qué tiene de malo el Sol?- Preguntó Hewlett ante tan inusual anécdota. - Supongo que sus razones tendrá.- Dijo Zhou encogiéndose de hombros. Era   ya   casi   mediodía   y   justo   antes   de   disponerse   a   llamar   a   la   casa,   un   hombre   bajito   y   con   el   pelo   canoso   los sorprendió   por   detrás,   tenía   una   amplia   sonrisa.   Después   de   reconocer   a   Zhou,   todo   y   lo   cambiado   que   estaba,   le   dio   un fuerte abrazo y les invitó a pasar dentro de la cabaña. Una   vez   en   el   interior,   a   Mike   le   sorprendió   la   escasez   de   objetos   religiosos   que   poseía   aquel   hombre   en   su   morada, respondía más a la vida de un ermitaño que a la de un chamán. Se   sentaron   los   tres   en   unos   taburetes   situados   frente   a   la   chimenea,   en   la   cual   ardían   unas   pocas   brasas.   Una   vez acomodados,   Zhou   se   dispuso   a   hablar,   pero   el   anciano   levantando   una   mano   le   decía   con   la   cabeza   en   sentido   negativo que guardara silencio. - Te   he   estado   esperando   durante   muchos   años,   a   que   vinieras   a   preguntarme   lo   que   tus   padres   no   comprendieron.- Dijo el chamán con voz suave. - Entonces, sabe lo que me está ocurriendo, lo de las pesadillas y todo eso.- Dijo Zhou con una cara de sorpresa. - Sí,   lo   sé.   Cuando   eras   un   recién   nacido   observé   en   tu   rostro   que   no   eras   un   chico   normal,   y   antes   de   tu   nacimiento los dioses me revelaron que llegaría un don importantísimo. - ¿Y en qué consiste ese don exactamente?- Preguntó Zhou casi con impaciencia. - Esos   sueños   que   tú   tienes   son   visiones   de   acontecimientos   históricos,   algunos   han   pasado,   otros   todavía   no.   Y   sin embargo   todo   forma   parte   de   un   plan   ideado...   en   secreto,   para   concluir   a   favor   del   que   lo   ha   planeado,   y   tú   posees la   habilidad   de   ver   ese   plan   por   pedazos.   Todo   lo   que   veas   escapa   a   mi   control   y   comprensión,   tendrás   que descubrirlo tú por tu cuenta, yo no puedo ayudarte más.- Dijo como si acabara de quitarse un peso de encima. Mike      miró      al   chamán   como   si   eso   y   nada   fuera   prácticamente   lo   mismo,   pero   después   miró   a   Zhou   y   al   ver   su   cara   de preocupación,   le   inquietó   un   poco.   Mike   estaba   deseoso   por   salir   de   allí   y   llegar   al   hotel   para   que   le   explicase   si   había entendido algo de lo que aquel anciano le había dicho, y así poder seguir tras la solución de los misteriosos sueños.      Zhou   estaba   estupefacto,   quería   entender   lo   que   aquel   santo   varón   le   adelantaba,   pero   lo   único   que   sabía   es   que   había tenido   unos   sueños   y   desconocía   la   forma   en   la   que   podían   encadenarse   para   que   tuvieran   sentido,   ni   en   qué   época   del tiempo situarlos, algunos incluso eran difíciles de emplazarlos en el futuro o en el pasado. - Maestro, ¿cómo puedo encontrar el camino a seguir?- Volvió a interrogar Zhou. - Usa la sabiduría que aprendiste en el templo y busca la verdad.- Contestó el anciano. - Estoy confuso, apenas puedo distinguir detalles de mis visiones.- Replicó el chico. - La   mente      de   los   hombres   decide   el   destino   de   sus   almas,   sólo   la   sabiduría   puede   dominar   la   mente.   Ve   hijo   mío, aquí no puedes conseguir nada más.      Zhou asintió, comprendiendo que allí, lo único que iba a obtener era más confusión.      Mike, por su parte había sacado su block de notas y escribió todas las frases enigmáticas que recitó el chamán.
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